RECORDANDO A MARISCA CALZA, PINTORA

JOAQUIN CASTRO

Tenerife, siempre recordará a Marisca Calza.  A la italiana genovesa, que quiso vivir en Santa Cruz. Amaba esta tierra. Se había trasladado desde Italia con su madre a vivir en la Rambla de Canarias. Ella, allí tenia  su estudio y7 su casa, donde daba aquellas reuniones en que se hablaba de arte y también de la política nacional y canaria. Señora, que no pasaba desapercibida por su presencia de mujer moderna y artista, que era lo que más le gustaba. Tuve la ocasión de estar en varias ocasiones de jurado de pintura en la que compartíamos las puntuaciones de los que se presentaban, siempre queriendo ser justa, a la vez que alegre y simpática.

Marisca Calza, nace en Génova. Ciudad mediterránea, cuna de escultores. Pero le gustaban más los aires atlánticos. Compartió la idiosincrasia del pueblo de Tenerife que la admiró como artista. Le apasionaba pintar caballos y retratos. Muchos de ellos se exhibían en las galerías italianas, principalmente me comentó que en Milán. Pero, su obra principal quedó en Tenerife. Su “ Et habitavit in nobis “,hablará de Marisca, por siempre. Fue quizá, el espaldarazo como pintora grande en la isla. Sus óleos de gran tamaño sobre la vida de Jesús de Nazareth, los pudimos ver en la Catedral de La Laguna ( año 2.000 ). Era entonces, obispo de Tenerife, Monseñor Felipe Fernández, quien animado por la gran calidad de la exposición  editó un libro – catálogo, con fotos de la obra a todo color. Su pintura era figurativa con tendencias fauvista. Pensemos en sus personajes centrales de cada cuadro, siempre exaltando la figura de Jesús, entre los demás. Colaboró en numerosas exposiciones colectivas y  solidarias para ONG. Entre las ultimas individuales recuerdo la celebrada en la Sala Mac, en la que presentó una treintena de cuadros.

Aquella mujer alta, de buen tipo, simpática con la gente especialista en política de las radios canarias, y sobre todo pintora, fallecía un 15 de agosto de 2.014. Santa Cruz de Tenerife, donde residía nunca la olvidará. Sus palabras en las exposiciones, sus críticas literarias y pasionales de la política quedarán en las hemerotecas, por eso Marisca, no morirá nunca para esta isla. Ahí quedan sus cuadros de Jesucristo, sus cabezas de caballos que le apasionaban y sus retratos de gentes que `para ella, lo fueron mucho.

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