JOAQUIN CASTRO.
Siempre que fallece un artista canario, algo se nos va con él. Paco Palomino, se ha marchado con la mochila llena de esculturas y premios. En una ocasión en que lo entreviste, mis palabras finales fueron que:”La Escultura de Paco Palomino era realizada con garra, vibrante, poseía un innato gusto para componer trabajos equilibrados con perfecto dominio técnico. Su obra emana de profunda reflexión y riqueza de líneas. Su estilo difícil de encasillar, apareciendo abierto a la creatividad propia del espectador. Hay fusión íntima entre tema y artista. Sus esculturas responden a la necesidad de transmitir belleza. Y lo lograba “.
Paco Palomina, era un hombre inquieto y trabajador. Investigaba cada día. En su juventud, realizó viajes por Africa donde veía trabajar a los negros en la madera y cerámica con medios primitivos. Un mundo de exotismo y fantasía se abrió ante sus ojos al percibir aquella especie de energía artística de pueblos primitivos al tallar la madera o al modelar el barro. Aquellos momentos fueron decisivos en su vida creativa. Experiencias que nunca olvidaba. A su regreso formó su propia escuela en San Feliu de Llobregat. Retorna a Tenerife y trabaja en la carpintería y cerámica.
Instala su taller “Anaferque” Palabra de origen guanche que responde a la planta olorosa que llamamos incienso, que en días húmedos percibimos el olor en el Monte de las Mercedes. Fue Primer Premio de Escultura en la Exposición Regional de Artes Plásticas de 1.992, con una obra de acero titulada “Cronos”. Entre los trabajos que dejó en Tenerife, una escultura llamada “Madre”, de 10 metros en hierro , hormigón y piedra para Guia de Isora. Descanse en paz.