
“El Insignificante Fragmento”, es el título de la exposición de dibujo y pintura del artista Rafael Pinillos. Se puede visitar en el antiguo Convento de Santo Domingo de La Laguna, hasta el 11 de febrero. Interesante muestrea que ocupa dos salas del mencionado convento, planta baja y alta.
Rafael Pinillos, realiza un trabajo a través de su mundo, en un viaje donde se mezcla la luz y oscuridad. Una simbiosis perfecta, que auna los simbolismos y la realidad. Pura abstracción de la forma y los tiempos. Complejidad de intensos sentimientos a efectos de reaccionar ante un lienzo o una tabla, sus emociones que plasma a través de la compartimentación zonal, buscando el grosor de la materia , en esta ocasión , mucha de su obra en blanco y negro, se convierten en símbolos y adquieren fuerza, la que les imprime su autor.

En el catálogo de esta exposición, Rafael Pinillos, dice “Pinto desde lo que creo conocer sobre lo quiero conocer. Intento fijarme en la realidad y procuro posicionarme”. Pintura donde se encuentran vertidos propios del expresionismo abstracto. Nos hace entrar en un mundo , donde para mi, lo misterioso y lo intimista se aúnan conformando un mar de sensaciones. Sus cuadros nos dejan su saber hacer en una búsqueda constante. Artista que le preocupa la creación y el espacio.
La magnifica calidad del dibujo sirve de soporte para el pintor. A ello se une el dominio de la técnica, para expresarse con fluidez y facilidad, y llegar al momento creacional del pintor.
Rafael Pinillos,( La Orotava, 1.975). Licenciado en Bellas Artes por la Universidad de La Laguna. Manifiesta que se desarrolla en las artes plásticas , concretamente en la pintura, el dibujo y en la música, centrándose en la experimentación electroacústica. Además participa activamente en la organización, coordinación y producción de diversas plataformas dedicadas a las nuevas formas de expresión artística.

Un buen catálogo suma a la exposición, en el que intervienen , Pinillos, llama observadores, las firmas de Ernesto Valcárcel, Elida Dorta, María Luisa Bajo y Antonio Hernández.
JOAQUIN CASTRO